miércoles, 22 de enero de 2014

BIENVENIDO MISTER MARSHALL

Actualmente el nombre de Ablaña pinta igual, o incluso menos, que cuando este siglo empezaba: nada de nada. No obstante, a diferencia de ahora, por aquel entonces muchos eran los proyectos que planeaban, y con importantes inversiones,  sobre nuestro pueblo; sin embargo, otros tantos serían los que se parasen a distintas instancias: unas veces en Madrid, otras en Oviedo y la mayoría de las veces muy cerca, en Mieres.
A continuación, os mostraremos un artículo publicado por aquellos tiempos en la Nueva España, y en el que se denunciaba tan leonina situación:

 La Nueva España, 3 de Enero de 2003  

Érase una vez un pueblo en el concejo minero de Mieres, olvidado de la mano de Dios y de la de sus gobernantes. A pesar de tan sólo suponer medio millar de votos potenciales y de no representar peso político alguno dentro de su ayuntamiento, un día la Universidad de Oviedo se acordó de su existencia y tuvo la feliz idea de invertir en esta localidad una pequeña parte del “gran pastel” denominado Fondos Mineros (concretamente, casi ocho millones y medio de euros). Tan importante inversión iba a ser realizada en una zona, hoy escombrera y con restos de arqueología industrial, pero que antaño albergaba una próspera explotación minera la cual aportó, durante décadas, suculentos impuestos a las arcas municipales.
Actual Recinto Ferial en Santullano
Ante el conocimiento de este importante proyecto. La A.VV. “La Charca” y la Agrupación Cultural “La Meruxega” preguntamos recientemente al Itmo. Ayuntamiento de Mieres, por el desarrollo del mismo. Tras escucharnos aparentemente con atención, nos espetan, aunque con otras palabras, que lo que la Universidad propone, el Consejo de Ministros dispone; nos obstante, no recibimos ninguna referencia en cuanto al apoyo de la iniciativa de los primeros y, mucho menos, de intentar presionar a los segundos.
Meses atrás, numerosos vecinos solicitaban ante el Pleno Municipal, el ser tenidos en cuenta a la hora de buscar la localización para el nuevo emplazamiento del Mercado de Ganado Comarcal. En reunión mantenida el pasado 19-12-2002 con el Sr. Alcalde. Éste nos transmite que los ganaderos del concejo no quieren ni oír hablar de la instalación de dicha instalación en nuestro pueblo, debido, entre otras muchas cosas, al déficit de unas comunicaciones adecuadas en la zona. Sin embargo, la firma de muchos de ellos y el reconocimiento del alcalde de un concejo ganadero como el de Morcín, demuestran lo contrario. Por lo visto, el disponer de accesos con la A-66, N-630 y AS-I (autovía minera), estar a tan sólo a 2 Km. de Mieres, tener conexión por carretera con el Matadero Comarcal de Sueros (a 1 Km.), salidas a Cardeo y La Pereda, así como poseer dos estaciones de ferrocarril (Feve y Renfe) son, sin duda, muestras de nuestra incomunicación.
Nuestra gran desgracia es la de estar situados en el Mieres Norte y, más concretamente, por ser uno de los tres vértices del triángulo de la desaparecida Fábrica de Mieres. Tal pareciera que con la desaparición de este gran monstruo siderúrgico, hubiera desaparecido también cualquier posibilidad de desarrollo para su entorno.
Terminaré con un pequeño artículo mío titulado “La rebatina”, el cual aparecía en el Nº0 de la publicación “La Meruxega”, en 1999.
«Fay unos cuantos años los bautizos teníen un interés especial pa los que yéramos nenos: la rebatina. Na más salir de la iglesia, el feliz padre de la criatura empezaba a tirar caramelos al aire, en toes les direcciones y, raro yera’l que un coyera un buen bolsau d’ellos. El añu pasau, nació un guaje y pusieron-y de nombre Fondos Mineros; sin embargo, en esti casu nun hubo rebatina, ya taba too bien repartío antes del bautizu. En Ablaña quedámonos sin caramelos, pero siempre nos queda dir al cine, echen: “Bienvenido Mr. Marshal”.»
Mr. Marshal viene periódicamente y siempre sin avisar. Sonriente, con un maletín debajo del brazo y, normalmente, en periodos de recesión… pero siempre pasa de largo. Es la fórmula mágica para apaciguar ánimos en zonas donde el desencanto es la consecuencia de diferentes factores, los cuales en ningún momento, por supuesto, son por desacierto del poder político. Estos factores, a su vez, transforman incomprensiblemente al pueblo llano en pedigüeño, para lo que le aplican lo de: “contra el vicio de pedir, hay la virtud de no dar”.

Donato

viernes, 3 de enero de 2014

ESTROPEANDO TOPÓNIMOS (I)

El 19 de Marzo de 1.941 en la plazoleta de Mina Llamas o Mina de Avella, con motivo de la inauguración del pozo en vertical,  se celebra una misa solemne oficiada por el Obispo. La asistencia   es obligatoria para todos los trabajadores de la empresa,  bajo la advertencia  de que si no acudes, no hay gratificación este mes. Terminada la ceremonia, el prelado se dirige hasta el brocal del pozo. Espera que los feligreses se acerquen y procede, con parsimonia, a sulfatar agua bendita sobre los fierros del castillete y brocal del pozo, al mismo tiempo  que  balbucea una xirigoncia que ni Dios entiende.     Terminada la ceremonia de la bendición grita: ¡DESDE  HOY TE LLAMARÁN  POZO SAN JOSÉ! No valía lo de Pozo Llamas. Hay que canonizaaaar.

A principios del Siglo XX los algunos vecinos de Ablaña cedieron parte de sus fincas en el Barrio Pachón para construir un nuevo campo de Futbol ya que el que había era muy precario. El nuevo campo se construyo en el margen izquierdo del Rio Nicolasa  sobre los terrenos de las fincas denominadas La Llera. Por este motivo el nuevo estadio de pasó a llamar: Campo de Futbol de la Llera. En el año 1.921 se fundó el primer equipo de futbol titular en este campo  con el nombre de La Favorita. En el año 1.933 se crea otro equipo de futbol con el nombre de La Charca. Y ya por la década de los 50 La empresa de Mina Llamas se apropia del campo, lo valla, crea su equipo de Futbol (el Mina Llamas) y cobra la entrada al campo a sus legítimos dueños. No se conforma con esto, si no que lo bautiza con el nombre de Campo de Futbol Santa Bárbara. Tampoco servía lo de La Llera.

1.957. Una retahíla de vehículos sube carretera arriba con dirección a Nicolasa. En Les Quintanes,  Miguel. Que está sentado en el poyu que tenía delante casa, comenta a su esposa Pacha:
 ¿Qué pasará que suben tantos  haigas?
 A lo que Sabina, la vecina de  la casa de al lado, que estaba escuchando,  responde:
¡Tas buenu, Miguel!…  ¿nun sabes que hoy inauguren el Pozu Nicolasa?

Lo de siempre: Autoridades, fuerzas de seguridad, pesebreros y demás, para escuchar proclamar con énfasis aquello de: … yo te bautizo en el nombre del Padre del Fiu y del Espíritu Santu como: POZO SAN NICOLAS.

¡Vaya! Tampoco les sirvió a los madrileños los topónimos en femenino. Había que cambiar a Nicolasa por Nicolás, y a demás  canonizarlo.

Yo de aquella era un guaje de 12 años y estaba fisgando  frente al pozo. Delante  del chigre de Oliva. A los parroquianos no nos dejaban bajar a la plazuela. Pero si me acuerdo que alguien comento en voz baja: desde hoy van llamate El Garbanzu Negru, je, je, je.

Cuando para trasladarse de un lugar a otro era menester dar un rodeo por el entorno de una finca en propiedad, al no permitir sus propietarios   el paso por la misma, en ocasiones se solía hacer un trato con los dueños del predio consistente en contribuir con una dadiva, tras  la cual se permitía el paso por la citada propiedad. Este hecho se le denominaba Samartino. Probablemente esta adjetivación esté emparentada con la matanza del cerdo o Samartín, puesto que en la mayoría de las ocasiones la dadiva podría consistir en unas vueltas de chorizo, morcillas,  o quizás algo similar.
Bueno. Pues ya tamos con lo de siempre; en Ablaña  la calle o barrio de  SAMARTINIEGO, cambiado, tracamundiado, alterado por SAN MARTINIEGO.  Otru santu más. Otru topónimu machacau…Grrrrr…

En los mese invernales los ganados se recluyen en los establos ubicados en lo fondero del los valles. Cuando comienza a despuntar la primavera y la nieve comienza a subir de cuota, los campesinos iban sacando su ganado a pastar a las fincas más cercanas a las cuadras. Fincas o praderías que ya estaban predispuestas para este menester. A estos pastizales se les llamaba o seles  conocía  como las  OXAS*.
Detrás del Pozo Llamas hay una finca arbolada de castaños que limita por arriba con la carretera que sube desde Ablaña a La Faidosa, escriturada  con el nombre de Finca de la Osa.
Si descartamos que este topónimo (Osa),  este implícito en la Zootoponimia, puesto que no parece probable que los plantígrados frecuentasen una zona tan baja, nos encontramos con otra pifia.
Aquí entramos de lleno en la mojigatería  de descartar, despreciar o postergar todo aquello que tenga algo en común con la llingua asturiana. Basta sustituir la X por la S y ya está hecho el desaguisado.

Cuando en 1884 se inauguró el Ferrocarril del Noroeste (Norte) y en el año 1904 se abrió el Ferrocarril del Vasco-Asturiano (Vasco). En Ablaña, a la altura del túnel nº 23 del ferrocarril del Vasco quedaron encastradas entre ambos ferrocarriles las denominadas por entonces  Casas de la Bulía**. Este hecho propició que el topónimo se cambiase por Cases de Entrevíes.  Para rematar la faena recientemente se puso en estas casas una placa que reza: Calle de Portugal.  Qué manía de machacar les teyes del nuesu teyau.

*Oxa:
Pastizales comunes, con suelo pedregoso y escasas hierbas. Étimo latino OSTIA “puerta” por su situación a la salida de los pueblos o entrada de los puertos.
(Xoxe Lluis García Arias, Pueblos de Asturias, pagina 110).

** BULÍA:
                 Adjetivación referente a  terrenos arbolados, arbóreos.
               Nombre de la finca que abarcaba buena parte de la superficie Sur  de Ablaña de Abajo,
               desde Les Barraques hasta las escuelas y extendiéndose por buena parte del monte a      
               la  derecha de la Covarata, finca hoy dividida en pequeñas parcelas.
  




                                                                                                      Juan La Viru


sábado, 28 de diciembre de 2013

NICOLASA (II)

¿De quién son los terrenos considerados comunales del Valle de Nicolasa?. Evidentemente parece ser que  cada palmo de tierra de este mundo tiene un dueño-a  y como no podía ser menos, los terrenos de Nicolasa También.  Veamos Pues:

“El  día uno de Marzo del año de 1.894 se otorga escritura pública a favor de varios adquirientes de un monte llamado  “Brañamonio y  Ablaña” sito en las parroquias de Loredo, Seana, Valdecuna y Gallegos, del concejo de Mieres, extensión de quinientas diez hectáreas, terreno montañoso y de mala calidad, que linda al Norte caseríos y bienes de Pando, de Belfono, Llamoeta, parroquia de Loredo, Conforcos, Tablao de Arriba y Seana, de la parroquia de Seana y del  caserío del Candasín  de Gallegos; Sur y Oeste con monte de los concejos de Foz y Riosa. Melujedo, Aballegu y Gallegos; Y al Este con terrenos del pueblo de Foz y caseríos de Pajio y más caseríos de Ablaña….”
 Esta finca o montes comunales pertenecientes a las cuatro parroquias reseñadas fueron adquiridas por un importe de veinte mil pesetas,   incluidos los derechos al estado, cantidad que se abonó en nueve plazos por una serie de personas, supongo que a escote pericote.
En lo que al valle de Nicolasa se refiere, los compradores y su lugar de residencia fueron los siguientes.
BEIDOSA
                         José Estrada Fernández, José García García, Juan Fernández  Fernández,    
                         José Estrada Villa, Vicente Álvarez Fernández, (Ilegible) Álvarez Muñiz, José   
                         González Álvarez, Julián Iglesias  Marcos, Ramón García Fernández, Joaquina         
                         Prieto Moro (Viuda), Manuel Argüelles Alonso, Manuel Villa Suárez.

PRADO CIMERO
                         Leoncio Estrada Estrada, Celestino Riestra Fernández, Elías Ordoñez Ardura,   
                         Nicolás Iglesias Fernández, José Iglesias García.

LLANO TORTORIO
                         José Fernández Figares.

ESCALDAONA
                        Vicente García Fernández.

BRAÑA CASTAÑAR
                        Antonio Fernández Prieto, Severiano Vázquez  Velasco, Francisco Prieto Moro.

ABLAÑA
                        Manuel Coto Gutiérrez, Santiago Allende Vázquez, Jerónimo Estrada García,
                        María González Álvarez (viuda), José García y García, Francisco Iglesias Díaz,
                        Andrés Iglesias Díaz, Manuel Estrada Álvarez, Vicente Estrada Álvarez, Juan
                        Valdés García, Tomás Fernández Quintana y Díaz,  Nicolás Menéndez Fernández,             
                        Manuel Díaz Álvarez, Bernardo Fernández García, José Suárez Fernández,  Ramón
                        Fernández Cosío, Francisco Llaneza y Llaneza, Ramón Quintanal  Baragaño, Rafael
                        Fernández García, Francisco Álvarez García, Casimiro García Estrada, Lucas      
                        García Estrada, Francisco Fernández y Fernández, Manuel Álvarez Acebal  y
                        Fernández, Joaquín Llano García, Celestino Fernández Cachero, Ramón Salgado
                        Estrada, Manuel Estrada Álvarez, José Sánchez Iglesias, Ramón Álvarez y Álvarez,
                        Andrés Figares Martínez, Manuel Arias Villa, Ramón Arias y Allande, Manuel
                        Muñiz y Vázquez, Carlos Creste Iglesias,  (Ramona Vázquez) Manuel Muñiz
                        Vázquez, Emilio Suárez Cachero, Pascual Arias Suárez, José Fernández Vallín
                        e Iglesias, Valeriana Fernández Huerta (viuda), José Estrada Fernández, Matilde
                        Llaneza González, José Vega Ordoñez, Pedro Estrada Suárez, Genaro Fernández y  
                        Fernández.


               
Del resto de compradores de los citados terrenos omito sus nombres, puesto que este trabajo solamente se refiere al valle de Nicolasa, pero por curiosidad dejo constancia  del lugar de residencia  y del  número que contribuyeron  en la citada compra  : Pueblo de Gallegos: 33; Canga: 48; Cenera: 24; Villaestremeri: 19; Pajido: 20; Viesca y Tazada: 12; Sobrobio: 10; Villamartín: 21; Insierto: 14; Requejado: 9; Espinedo 3; Ribono; 15; Panizales: 1; Estación de Mieres: 34; Embermiga: 2;  Sueros: 16; Loredo: 41; Vega de  Sampedro: 26; La Pereda: 34.

Los topónimos están copiados textualmente de la escritura pública. Nótese  las características de los escribanos de aquellos tiempos en donde se destaca  el afán de omitir todos los topónimos en llingua asturiana; Pajido por Paxío, Beleidosa por La Faidosa, Requejado por Requexáu, Etcétera.

La escritura está fechada en 1.894 y en la misma no hace ninguna alusión a Nicolasa, ni a la Llerosa de Riba, ni a la Llerosa de Abajo, ni a La Cábila, ni a lo más chocante: al Cibero o Llanu la Tabla. ¿Sería porque en esa fecha estos núcleos de población no estaban constituidos?. Lo dejo para otra entrega en donde trataré este asunto con más  profundidad.

Aclarar que algunos de los topónimos reflejados en la escritura pueden inducir a la confusión cuando dicen: La Beidosa. Sin duda  se está  refiriendo a La Faidosa. Por Llano Tortorio. El escribano  está haciendo alusión  al Tortuxu o Tortúriu, que es una  hacienda, caserío o terreno  ubicado  al Sur de la Faidosa. La Escaldaona es una porción de terreno arbolado (Castañéu) ubicado  en el margen derecho del Regueru Goyo un poco  por encima del que fue el Caserío  de Goyo, en Nicolasa.  


                                                                                                           Juan La Viru

viernes, 20 de diciembre de 2013

LA CÁBILA

Cavilando en la Cábila he llegado a la conclusión de que no es probable que este topónimo tenga alguna relación con los poblados que hacen   los beduinos o bereberes durante sus marchas trashumantes por el desierto. El  filólogo  Xoxé Lluís García Arias encasilla este topónimo, de la Cábila, consecuente con el movimiento obrero.
Debajo de los cerezos en flor las casas de La Cábila
De todas maneras La Cábila (Nicolasa), es lo que se ve en la foto; Cuatro viviendas adosadas, que  no describo sus características por que la imagen  lo dice  todo. Más al fondo, en la mitad del margen derecho de la fotografía, se ve    el Caserío del Castañíu y por encima  se entrevé una  parte del Prau La Cotá; que es la pradería más fondera que  pertenece al Caserío de Conforcos. Entre el Caserío del Castañéu y el Prau La Cotá se aprecia la calzada del Camín de Conforcos, que era la caleyovía  de  San Fernando, por la cual, un poco a pie y otro poco  andando, subían y bajaban los vecinos de la zona  y  decenas de obreros  que trabajaban   en las   minas de montaña del Grupo Nicolasa.
La  foto de La Cábila está tomada en el año 2.001. En los albores del año 2.014 estas edificaciones están parcialmente derruidas. Nadie las habita ni nadie se interesa por su conservación. De los prados que había en el contorno de estas viviendas que se llamaban: El Prau el Valle, La Praera, Prau Celesta, La Pontona y el Praiquín y como tierras de labor La Güertona bajo Casa, a demás de  algunos pequeños  huertos  esparcidos por el contorno, como se ve en una de las fotografías,   ya no queda ningún vestigio.
El camino por el que se accede a este lugar se desvía de la carretera de Nicolasa   (MI-1) hacia la falda del Cordal de la Meruxega cuando la calzada de dicha carretera  cruza   por encima del Regueru de Conforcos. El camino, que  es estrecho y tallado en la Pudinga, gira a la derecha al llegar a la Casa de  Coto y nada más pasar por  delante de la  vivienda de Julia  (la Porreta)  el sendero zigzaguea  hacia la izquierda monte arriba hasta llegar a las casas de La Cábila después  de recorrer  una distancia de unos doscientos metros, que es la trayecto el línea recta   que habrá entre la calzada de la carretera y La Cábila. 
En la  Cábila ya no vive ningún ser humano, pero me voy a permitir recordar  los nombres de las personas que entre la década que va desde     1.950  a   1.960 ocupaban   estas viviendas:
  Un matrimonio compuesto por  Manolo (el Robeco) y Delfina con sus hijos: Eugenio, Manolo, Agustín, Misael y Marcelina.
 Una señora viuda que se llamaba Leónides Estrada que tenía cuatro hijos: Pepe, Sabina, Baltasara y Alejandro.
Las cuatro viviendas de La Cábila. Al fondo el caserío
del Castañeu y un trozo del prado de La Cotá
Otro matrimonio formado por Remedios y Eugenio Ovalle Estrada y que  tenían  cinco hijos: Láudela, Eudosio, Remigio y Sergio Ovalle Estrada*.
Y  Lucita que  estaba casada con Ignacio Estrada Álvarez (Claverón) y que   tenían cuatro hijos: Remigio, Amador, Carlos y Maximino.

Solo me falta una señora viuda que se llamaba Benita que  tenía con ella a sus siete hijos: Benito, Mateo, Matías, Manolita, Alicia, Maruja y Víctor.
No es una leyenda, estas 32 personas vivieron en los edificios que se ven en la fotografía.
Y ya que en la foto reseño el caserío del Castañéu, señalar que en él vivía el matrimonio entre Laudelina y José Estrada con sus hijos: Tina, Pepín Josefina y Sabina.

·         Sergio Ovalle Estrada, nació y se crió en La Cábila, sin su colaboración estas líneas no las hubiese podido escribir.
Juan Laviru

domingo, 15 de diciembre de 2013

DON ANTONIO

El popular y recordado sacerdote D. Antonio José Fernández Fernández, más conocido por los feligreses como Don Antonio, que fue titular de las parroquias de Loredo y Baíña (Mieres) durante más de cincuenta años, nació el 23 de abril de 1913 en San Antolín de Villanueva (Talarén), parroquia del concejo o municipio asturiano de Navia.
De familia muy cristiana, era hijo de Manuel y Társila y tuvo 9 hermanos, de ellos tres varones, Don Luis --el otro hermano sacerdote, fallecido en Cabanella de Navia el 28 de octubre de 2007--, Domingo y Marcelino, que estuvieron casados, y seis mujeres: Pilar, Olvido, Carmina, Luz, Piedad y Teresita, de las que tres fueron religiosas franciscanas del Buen Consejo: Pilar, Olvido y Luz.
De joven, Don Antonio trabajó en la construcción del ferrocarril Gijón-Santander (FEVE) a su paso por Navia.
Entró en el Seminario de Valdediós (Villaviciosa - Asturias) el 29 de septiembre de 1932 cuando tenía 20 años de edad. Cuentan sus compañeros que su fuerza física era tan grande que, con los brazos en cruz, sostenía colgados de ellos a dos personas adultas.
Fue ordenado sacerdote en Valdediós el 16 de junio de 1940, a los 27 años de edad, por el entonces Obispo de Oviedo D. Manuel Arce Ochotorena. Celebró su primera Misa solemne el 23 de junio del mismo año en la iglesia de San Pedro de Andés (Navia), donde residían sus padres y familia.
De 1940 a 1943 estuvo de coadjutor en la parroquia de Valdesoto, en el concejo de Siero.
De 1943 al año 2002 fue párroco de Loredo  --en cuya casa rectoral se instaló con sus padres y hermanos nada más llegar y vivió luego bastantes años en compañía de Piedad y Teresita--, Baíña, La Pereda y Ablaña, pueblos del norte del concejo de Mieres (Asturias).
Pasó a la situación de jubilado el 31 de marzo de 2002, fijando su residencia en Cabanella de Navia junto con sus hermanas Piedad y Teresita, y muy cerca de su otro hermano don Luis.
Falleció en su casa de Cabanella el 22 de abril de 2008 y al día siguiente, en que cumpliría 95 años de edad, el Sr. Arzobispo de Oviedo, Don Carlos Osoro, presidió el funeral de cuerpo presente en la iglesia de San Pedro de Andés, recibiendo a continuación sepultura cristiana en el panteón familiar del cementerio de Andés. A pesar de sus grandes sufrimientos, la víspera de su muerte por la tarde, celebró la Eucaristía con plena lucidez en la capilla de Cabanella.
Don Antonio era persona de pocas palabras y profundos sentimientos. Hombre humilde y sencillo, no le gustaban los aplausos ni los homenajes.
Cuando se enteraba de que alguien estaba enfermo, allí estaba él en su casa o en el centro sanitario para consolarle y llevarle los auxilios de la fe.
Siempre abierto a recibir consejo y orientación, no tenía inconveniente en preguntar a sacerdotes mucho más jóvenes que él sobre temas de Teología, Moral o Pastoral.
Los sacerdotes que se confesaban con él decían que era un gran confesor y director espiritual.
Los que le conocían decían de él que «lo daba todo por sus feligreses». Éstos, tras su fallecimiento, quisieron reconocerle su labor, algo a lo que se había resistido en vida. El 27 de octubre de 2008 los vecinos del pueblo de Loredo le rindieron un sentido homenaje, con una misa en su recuerdo oficiada en la iglesia parroquial por su sobrino, el también sacerdote don Antonio Fernández García, y el descubrimiento de una placa conmemorativa. En junio del mismo año, el pueblo de Ablaña, en cuya rectoral residió Don Antonio durante muchos años y hasta su retiro, había llevado a cabo un acto similar en su honor.

FUENTE: D. Antonio Fernández García, sobrino de D. Antonio,  http://www.vivirasturias.com.

sábado, 7 de diciembre de 2013

NICOLASA

Se puede caer en la tentación de definir el topónimo de Nicolasa como un antropónimo, pero si se tiene en cuenta que la definición de antropónimo se refiere a la adjetivación de un poseedor o una cosa poseída,  con el topónimo de  Nicolasa tengo la duda razonable para que no  se dé  esta circunstancia. A mi entender, se trata de la costumbre de poner nombres femeninos a las explotaciones mineras a la hora de efectuar su registro en el ministerio correspondiente, como se puede constatar en toda la cuenca minera. 
Hasta bien entrado el siglo XIX al entorno de nuestro valle   se le llamaba  “El  Valle de Ablaña”. El río ( Río Nicolasa), se definía como el “Reguero de la Oscurera del Valle” y a  las viviendas y lugar en donde están enclavadas,  que en la actualidad se definen como Nicolasa, era y en realidad, siguen siendo, El Cibero.
Fue en el año de 1.843, cuando  Don José González Longoria, como apoderado de las compañías Explotadora Ovetense y Prosperidad, registra las minas de Nicolasa, la Olvidada, La Alta y La Ordoñera.  Situando a la Mina Nicolasa  “a orillas del Arroyo de la Oscurera del Valle, arroyo que desemboca en el Río Caudal junto al industrioso pueblo de Ablaña”. Aquí me permito hacer un inciso para señalar que cuando el acta del  registro se refiere al “Arroyo de la Oscurera del Valle”  está reseñando  lo que en la actualidad se conoce como Regueru de los Infiernos y Río Nicolasa, a los cuales  los considera como un solo arroyo.
La mina de Nicolasa perduró en el tiempo, adsorbiendo al resto de minas que había en el valle, por lo que podemos deducir que la etimología del topónimo “Nicolasa” se debe a la citada explotación minera y  que nada tiene que ver con un antropónimo, puesto que no hay indicios que  demuestren que una persona llamada Nicolasa fuese la poseedora de la mina.
Pero hay  otra historia que refleja lo contrario y que dice así:
Cuentan de una señora, de nombre Nicolasa, que  era la propietaria  de  unos lavaderos de carbón. (Los lavaderos de carbón  eran unos artilugios  que haciendo pasar el agua mezclada con tierra y carbón  por unas canalizaciones, generalmente de madera,  se lavaba con el fin de separar la tierra de la hulla y  al mismo tiempo  se  recogía el carbón que bajaba mezclado con   las aguas residuales de las minas del valle). Y dicen que esta señora llegó a tener un número considerable de trabajadores, siendo muy común, cuando se preguntaba a algunos de los obreros de estos lavaderos, ¿en dónde trabajaban?, que contestasen  que trabajaban para Nicolasa, o que iban a trabajar para Nicolasa. No sé si estos dichos terminaron dando nombre al valle, pero si  que lo he oído contar.    De ser cierta esta historia, es evidente que estamos ante un antropónimo.
Pero hay más, veamos otra historia que publica el periodista Jaime huelga  en la Revista “Camín de Mieres Aula de la Paz 95”  página 22, en donde relata una  entrevista a un conocido vecino de Ablaña, “Ino” Peña, (para los que trabajamos con él  “Cañaviru”), y que dice así:
   “Una señora llamada Nicolasa Camino* tenía dos hijos varones y cuatro hembras. El primer hijo murió en un accidente de mina a la edad de 10 años: era aguador. La madre debido a este triste suceso perdió la razón. Ella iba todos los días a boca de la mina y exclamaba: ¡Sacadme a mi hijooo…! ¡Sacadme a mi hijooo!  Debido a este suceso, a aquel sitio o lugar, las gentes lo denominaron, en memoria de la citada señora  “NICOLASA”.

·         Nicolasa Camino estaba casada con Francisco Peña, eran naturales de Barruelo (Palencia).


Juan Laviru

sábado, 30 de noviembre de 2013

FERNANDO GARCÍA CURTEN

Escultor y pintor argentino de reconocido prestigio en todo el mundo, nace el 18 de enero de 1939 en San Pedro, Provincia de Buenos Aires.
Vive en E.E.U.U entre los años 1965 y 1967. En 1978 viaja a España para conocer la tierra de su padre, Laudelino García, natural de Ablaña (Asturias). Ese mismo año obtiene beca del Instituto de Cultura Hispánica y expone individualmente en Madrid. Invitado por Elizalde Gallery para exponer en Los ángeles (California, 1981). Invitado por Illinois Art. Council realiza cinco muestras individuales y dos colectivas (E.E.U.U 1983/84). Invitado por Latín American Cultural Development, expone en Houston, Texas y en Washington D.C.(1983).
Invitado por Galería Estol de Barcelona, España, expone en 1987 y 1988. Obtiene dos primeros premios en Argentina (1976 y 1977) y Mención Honorífica en E.E.U.U (1977). A partir de 1977 deja de participar en salones competitivos. Invitado por diversas galerías argentinas a muestras individuales en varias ocasiones (Gal. Van Riel, Bs. As. / Galería Carrillo, Rosario / Gal. Teodelapio, Bs. As / Centro Cultural General San Martín, Bs. As. / Centro Cultural Recoleta, Bs. As., etc. Obras suyas en colecciones públicas y privadas del país y del extranjero (buenos Aires, Catamarca, Rosario / Madrid, Barcelona, Mallorca de España/ Los Ángeles, Illinois, etc de E.E. U.U. / también en Brasil, Nicaragua, Venezuela e Italia. Avalan su obra más de    opiniones críticas publicadas en antologías, revistas, libros y periódicos del país y del exterior. A partir de 1990 deja de exponer.
En 1992, funcionarios y amigos convierten el hogar en el que nació en Casa Museo. En 1995 decide, junto a su esposa y sus hijas (la poeta Susana Tosso, la escritora Fernanda García Curten y la bailarina Rosaura García) legar gran parte de su obra al patrimonio comunitario. Por esa decisión se crea, en 1997, la “Fundación García Curten”.


Instantáneas de su visita a Ablaña, durante su visita a nuestro país en 1978.