viernes, 15 de noviembre de 2013

ABLAÑA DEL REY ALFONSO

San Martín del Rey Aurelio recibe este nombre con todo el derecho como ya hemos visto alguna vez en estos artículos, porque, efectivamente, fue durante un tiempo la corte de este monarca. Por el mismo motivo Ablaña, en Mieres, debería llamarse Ablaña del Rey Alfonso, ya que también fue residencia de otro rey asturiano -el casto Alfonso II-, aunque en este caso de manera forzosa.

 A la hora de hacer la historia de la Monarquía asturiana, la fuente fundamental son las crónicas que se escribieron para narrar los sucedidos de la época; y entre lo que cuentan, todas se detienen a narrar brevemente las biografías de nuestros regios antepasados. La mayoría se redactó varias generaciones después de que ocurriesen los hechos y por ello presentan abundantes lagunas. De las que se conservan la más antigua es la llamada Albendense, que se concluyó en noviembre del año 883 y por lo tanto parece ser la más fiable. 

Pues bien, al referirse a Alfonso II, esta crónica nos narra que fue un buen rey y que dejó buen recuerdo entre sus vasallos. Sus contemporáneos lo llamaron el Magno, aunque luego para no confundirlo con Alfonso III que tenía el mismo apodo, los historiadores acabaron inclinándose más por otro apelativo que también se le dio en vida: «el Casto», y que refleja perfectamente cómo fue su vida: buen militar y mejor cristiano.

Nuestro soberano se mantuvo en el trono cincuenta y un años en los que hubo de todo: combates constantes contra los musulmanes, terribles derrotas y grandes victorias, e incluso lo que hoy llamaríamos un golpe de Estado en el que se le relegó del gobierno hasta que sus fieles volvieron a restituirlo en el trono. Sucedió cuando llevaba once años de gobierno y fue apartado por las armas de la corte ovetense; no conocemos cuánto tiempo duró este exilio ni tampoco sabemos con exactitud dónde estuvo el rey; aunque la crónica sí nos da el nombre medieval del lugar: el monasterio de Abelania, originando todo tipo de interpretaciones de los expertos.

Buscando parecidos actuales con este nombre, hace cuatro siglos el ilustre padre Luís Alfonso Carballo, autor de «Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias», se inclinaba por Avilés, mientras que el humanista cordobés Ambrosio de Morales prefería situarlo en Samos. El primero no aportaba ningún dato para apoyar su idea y la teoría del segundo quedaba coja porque en el lugar gallego no hay ningún documento ni tradición que recuerde tal cosa. 

Por su parte, ya en época más reciente, Constantino Cabal llevaba Abelania hasta la Liébana, en Cantabria, donde existieron en otro tiempo dos monasterios llamados Bellenia, uno dedicado a Santa María y el otro a San Salvador. Investigando lo mismo, otros autores han citado puntos tan dispares como Ablaneda, en la parroquia de Godán del concejo de Salas, o el monasterio de San Cosme y San Damián de Abeliare, en León, olvidando que se fundó en el siglo X. 

A pesar de todo, el lugar que cuenta con más partidarios es Ablaña, un topónimo que se explica casi siempre como derivado de las avellanas (ablanes, en asturiano), pero que seguramente tiene más que ver con la proximidad al río Lena, nombre que durante siglos sirvió también para conocer el Caudal, junto al que se ubica esta población mierense. De esta opinión son nada menos que Claudio Sánchez Albornoz, Ramón Menéndez Pidal y Armando Cotarelo. 

Vamos a ver lo que sucedió en la corte ovetense para que se desencadenase este episodio: la crónica se limita a calificar la acción contra Alfonso II como un acto de tiranía, sin dar más explicaciones y, como tampoco cita a los responsables, hay que suponer que tuvieron que ser personajes importantes, aunque no tanto para que alguno entre ellos llegase a reclamar la corona, de modo que es lógico suponer que en la conspiración participasen magnates y seguramente también obispos. 

Los motivos están más claros. Hay que recordar que se vivían tiempos convulsos. El padre de Alfonso II, el rey Fruela, había sido asesinado después de que él mismo matase con sus manos a su propio hermano, y la corona, antes de llegar a quien correspondía dinásticamente, había pasado por cuatro cabezas: Aurelio, Silo, Mauregato y Bermudo el Diácono; cada uno de ellos había tenido, lógicamente, sus respectivos partidarios que ahora estaban frustrados y, por lo tanto, los grupos de rencorosos llenaban todas las esquinas de la Corte.

Alfonso se encontró, en cuanto llegó al trono, con uno de los momentos más delicados de la guerra contra los musulmanes al sufrir en sus carnes los éxitos militares de Hixem I, un hijo del famoso Abd al Rahman I, que derrotó en varias ocasiones a los cristianos asturianos entrando en Oviedo; pero lo que es más importante para nosotros es que también era una terrible amenaza para los franceses, e incluso en una ocasión llegó a sitiar la ciudad de Narbona.
Era inevitable que asturianos y galos se uniesen ante el enemigo común y ello favoreció la amistad entre las dos coronas y aunque nuestras crónicas no hablan de estas relaciones, las francesas sí lo hacen y por ellas sabemos que en el 795 Alfonso II envió una embajada a uno de los hijos del todopoderoso Carlomagno, Luis el Piadoso, que entonces se encontraba en Tolosa.

Las conversaciones fueron tan positivas que la delegación volvió en otras dos ocasiones, en 797 y 798 y nunca faltaron los intercambios de obsequios entre los dos reyes; también los franceses mandaron al menos en una ocasión a un embajador, un obispo de Orleáns, que vino a matar dos pájaros de un tiro ya que de paso se interesó en combatir la herejía adopcionista que entonces tenía adeptos en Asturias. 

Esta amistad con el poderoso imperio extranjero fue interpretada por algunos asturianos principales como un riesgo de sumisión a Carlomagno, e incluso algunos historiadores franceses hoy en día siguen afirmando sin fundamento que cuando Alfonso II escribía al francés firmaba como vasallo suyo. Por fin, la gota que colmó el vaso de sus opositores fue el nombramiento para uno de los cargos de confianza de la corte, el Oficio Palatino, de un francés, lo que levantó ampollas y dio el motivo para la revuelta.

Según Constantino Cabal, quien publicó una extensa monografía sobre este reinado, el rey fue llevado a Abelania en el 802 cuando nada en sus dominios hacía presagiar una conspiración que, sin embargo, estaba sólo esperando el momento adecuado. Entre los escasos datos que proporciona la crónica está una pista sobre los libertadores del monarca: un grupo de fieles encabezados por Teuda, o Teudano, un nombre de origen visigodo y en el mismo sentido la palabra fieles tampoco puede interpretarse simplemente con el sentido actual como aquellas personas que eran partidarias del rey, sino que así se denominaban aquellos súbditos que se comprometían a defender al soberano por un juramento especial. 

Hemos dicho que mientras Alfonso II estuvo apartado nadie se sentó en su trono, hasta que finalmente fue restituido en su autoridad y que una cuestión pendiente está en saber cuánto tiempo duró el exilio. Pues bien, todo indica que no debieron pasar más de cinco o seis años, porque sabemos que en el 808 el rey ya ejercía plenamente sus derechos, como lo demuestra el que en aquella fecha hizo la donación a la iglesia de Oviedo de la Cruz de los Ángeles, que hoy es el símbolo de la ciudad.

No sabemos cómo tratarían a Alfonso II en Ablaña, pero por bien que fuese siempre iba a recordar aquel episodio como uno de los más penosos de su vida y pasados muchos años aún se refería a él como un periodo de «graves tribulaciones». 

Ahora es inevitable preguntarse si queda alguna huella del monarca en el pueblo mierense: la respuesta es negativa, aunque también es cierto que tampoco se ha buscado. El monasterio más antiguo que conocemos en la zona se fundó en Baíña siglos después y en Ablaña el punto con más historia es la casona de los Muñiz, que luego emparentaron con los Bernaldo de Quirós y en la que hoy, una vez modernizada, apenas queda nada original. Frente a ella está la capilla dedicada a San José, sin mucho arte pero con muchas posibilidades de que esté construida sobre un edificio anterior, ¿Qué tal si miramos debajo?

Ernesto Burgos (historiador)


Artículo publicado en La Nueva España el día 25 de septiembre de 2007

martes, 12 de noviembre de 2013

LA MINA DEL MACHO

Una de las minas más importantes que abastecían de hulla a la Fábrica de Mieres en el año 1.855 era la Mina del Macho (La Peña el Cuervu). La Revista Minera del mismo año la describe del siguiente modo:
“… una de las minas más importantes que abastece  la casi totalidad de hulla a la fabrica es la conocida con el nombre del Macho, situada en la margen izquierda del Rio Lena (se refiere al Rio Grande, hoy Rio Caudal)  a muy corta elevación sobre el nivel del citado rio.
Esta galería, que cuenta con una longitud de cerca de 2.000 metros, está abierta en una capa, cuya potencia media es de un metro, y su inclinación es de 45º a 50º N.O.
Las labores de explotación en ella establecidas, consisten en pozos abiertos sobre la misma capa de 20 en 20 metros de distancia, a partir de la galería, arrancando la hulla en testeros y dejando por vía de fortificación unos macizos de 5 varas de anchos de carbón entre cada dos pozos o chimeneas que constituyen las labores preparatorias. En el cielo y piso de las galerías se deja también una parte de la capa de un espesor variable según la consistencia del terreno y la del combustible que queda sin arrancar.
Este método evita el empleo de relleno y el de la madera de fortificación en los campos de labor.
La hulla es grasa con desprendimientos de gases inflamables en las labores.
El alumbrado se hace por medio de candiles de hoja de lata, muy ligeros y de pequeña cabida, que los operarios llevan en la cabeza.
La extracción mensual se calcula en 40 ó 46  Quintales, siendo el coste de cada uno en la boca-mina de, 16 maravedíes, aproximadamente. El número de trabajadores empleados en la mina es de 50 picadores y 10 vagoneros, ganando los primeros 63/4 reales  y 51/2 los segundos, siendo por su cuenta el aceite.
La tarea del picador consiste en el arranque de dos vagones de carbón, y la del vagonero en la extracción de 6 ó 9 vagones, según la distancia en la que se encuentre la parte de explotación.
La cabida de un vagón se regula en 20 ó 22 Quintales de hulla y se extraen por camino de hierro con pletina de 0,015m  de espesor colocada de canto y sujeta en traviesas de Encina. La distancia entre raíles es de 0,60m.
Cada  Vara de avance en la galería con la colocación de los raíles, etcétera se calcula en 34 reales de coste…”
La Mina el Macho se explotaba en la zona Noroeste de La Peña el Cuervu (La Faidosa).  El carbón se bajaba por un ramplón hasta la orilla Rio Caudal. Un ramplón en la jerga minera,  es una excavación en el terreno en forma de canal, generalmente en pendiente, por donde se arrojaba el mineral para que  se deslizase por su propio peso. A veces, el suelo del ramplón,  se tapizaba con tablas para favorecer el citado deslizamiento.
El ramplón utilizado por la Mina el Macho fue posteriormente aprovechado en el año 1,871 por la Mina Nicolasa para cimentar  el ferrocarril de  un plano autopropulsado por el cual se bajaba el carbón de las explotaciones mineras de montaña de las “Minas de Nicolasa" al lavadero de Los Cribos. (La Navalina-Ablaña)
Agotados los yacimientos de montaña, esta empresa,   acometió la profundización de un pozo-plano con el fin de explotar las vetas de carbón del subsuelo. En algún sitio he leído; que la ausencia, en aquellos tiempos,  de una tecnología que facilitase la extracción del agua, dio al traste con la viabilidad de la empresa.
En  el año de 1.874 se construyó sobre el Rio Caudal un puente para trasladar el carbón del Lavadero de los Cribos (La Navalina) hasta las instalaciones de la Fábrica  de Mieres. Este puente se bautizó con el nombre de “Puente  el  Macho”.  Probablemente la etimología de este puente se deba a   la Mina el Macho.
                                                                                           Juan La Viru

jueves, 7 de noviembre de 2013

... Y EL TREN, POR ABLAÑA, OTRA VEZ PASA DE LARGO




ECOMUSEO MINERO "VALLE DE SAMUÑO"
 Antiguo poso de San Luis (Langreo)
QUE LA NATURALEZALEZA SIGA SU CURSO.
A estas alturas, a todos los que estamos relacionados con Ablaña poco nos importa que nos pongan la etiqueta del victimismo a la espalda. Estamos más que cansados de ver cómo: cuando había mucho no nos llegaba ni un poco, y ahora, época de vacas flacas, tampoco nos toca nada,   
Si se compara (sin entrar en guerras territoriales) el tratamiento que se le da a las viejas instalaciones mineras, según se esté en una u otra cuenca minera, uno se da cuenta del gigantesco abismo que existe entre ambos. Mientras, a las situadas en la ribera del Nalón se las optimiza y restaura, en el Valle del Caudal se utiliza un criterio de filosofía ecologista: que la naturaleza siga su curso. 
 ... DE LA MALEZA IRRUMPE, LO QUE PARECE
SER, UN VIEJO Y OXIDADO CASTILLETE. 
Como muestra, invito a todo el que quiera, a acercarse a lo que antaño fue una  boyante y dinámica explotación minera: Mina Llamas. A medida que uno se va acercando observa un espectáculo apocalíptico y sobrecogedor. De sus impenetrables adentros y surgiendo de la maleza irrumpe, lo que parece ser, un viejo y oxidado castillete. Sin embargo, si te acercas a nuestra cuenca “gemela”, observas una retahíla de pozos mineros que, a pesar de haber abandonado hace tiempo su actividad industrial, se encuentra en perfecto estado de conservación y restaurados con muy buen gusto, dando una imagen acogedora y cuidada al entorno.
MUSEO DE LA MINERÍA Y LA INDUSTRIA DE ASTURIAS 
Antiguo pozo San Vicente (El Entrego)
                                                       ... UN ESPECTÁCULO APOCALÍPTICO Y SOBRECOGEDOR.


Varias fueron las ocasiones en las que se pudo poner fin a la deplorable situación de Mina Llamas; no obstante, otras tantas fueron las veces que serían paralizadas o desviadas a otros lugares. Varios, aunque estériles, fueron los proyectos que pendieron sobre el uso y aprovechamiento de sus terrenos liberados, como por ejemplo: Museo de la Minería de AsturiasParque Tecnológico del Campus Universitario de MieresNuevo Recinto Ferial de Mieres y alguno más.


Hace poco escuchamos la noticia de que el Gobierno del Principado de Asturias inicia los trámites para la declaración del Pozo Sotón como bien de interés general, razón por la cual, pasará a formar parte de la larga lista de actuaciones de restauración en las instalaciones mineras de dicha zona; me alegro por ellos.Por lo visto, la sombra del señor Fernández Villa, a pesar de haber abandonado su etapa como personaje público, aún perdura y, cual ciprés de Delibes, es alargada, y se extiende firme y vinculante hasta Oviedo, más concretamente, hasta la confluencia de la calle Marqués de Santa Cruz con la calle Fruela.
POZO SOTÓN (EL ENTREGO)

Pobre Ablaña, por enésima vez el tren del progreso (aún no siendo en este caso demasiado ambicioso), acaba de pasar por delante de sus narices y, a pesar de disponer de dos estaciones de ferrocarril, no ha efectuado parada en ninguna de ellas.









Una vez más, nos tendremos que acostumbrar a viajar en el vagón de cola. Parece como si este “privilegiado” lugar nos lo tuvieran reservado a perpetuidad nuestros queridos políticos desde hace varias décadas ¡Qué majos!

martes, 29 de octubre de 2013

TODOS CON POLA DE GORDÓN

Es evidente que los mineros tienen que ir a pasar el agua. Por si tuvieran poco con la que tienen encima últimamente, el maldito grisú vuelve a las andadas: llevándose a seis vidas, destrozando a seis familias y hurgando más aún en la herida de este maltratado colectivo. ¡Qué iluso! y yo pensando que en pleno Siglo XXI y con la tecnología con la que disponíamos, se había ganado la batalla a esa amalgama de metano y otros malditos gases.
Que nadie se haga ilusiones, tras esta desgracia nada cambiará y, mucho menos, la sensibilidad de nuestros políticos en la búsqueda de una solución a este enquistado problema. ¿Invertir en seguridad?, ¿En tiempos de crisis?, ¿En la mina?, Vade Retro Satana.


Pola de Gordón, Castilla y León y Asturias entera están, por enésima ocasión y por desgracia, de luto. En Ablaña sabemos bien lo que es eso, pues demasiadas fueron las veces que tuvimos que pasar por situaciones tan trágicas o ¿Quién no se acuerda de aquel 31 de agosto de 1995, cuando la maldita mina segó la vida a catorce trabajadores en el pozo Nicolasa?: por aquí todo “quisque”, en Madrid, casi nadie. Quizás sea por la distancia, pero a la capital de este país, los problemas de “cuatro” mineros les pilla muy lejos: demasiado al norte.

Lo que para los que vivimos junto a la mina es un problema, para los de lejos es una simple contrariedad. Ellos nunca sabrán lo que implica vivir al lado de un pozo minero, lo que es tener familia o amigos trabajando a cientos de metros bajo tierra, el vivir día a día en casas que se hunden, convivir con la visión dantesca de una central termoeléctrica echando humo delante de sus narices, ni se pueden imaginar lo que es vivir rodeados de escombreras y arqueología industrial en desuso y que, por si no fuera esto suficiente, carecer de cualquier tipo de alternativas o de expectativas de trabajo. Ellos no conocen a la resignación y a la desesperación que inevitablemente llevan al éxodo. Pareciera que nadie se diera cuenta de la gravedad del problema: está a punto de desaparecer una forma de vida de casi dos siglos de existencia.

Por desgracia, nuestros dirigentes se han enfrascado en una guerra contra los patronos privados de la industria minera. Una pugna en la que cada uno de los dos contendientes utiliza su potencial de destrucción al máximo nivel; no obstante, se me antoja una contienda desproporcionada: los generales comen carne sin ninguna cortapisa; mientras, la tropa se muere lentamente por inanición.

Pero olvidémonos por un momento de esos problemas, para centrarnos en una localidad del norte de León que está de luto. Vaya desde aquí, el máximo apoyo a todos los mineros y, en especial, el reconocimiento a aquellos que, desgraciadamente, nos dejaron.



El pueblo de Ablaña siempre estará con POLA DE GORDÓN, y con Aller, Degaña, Bembibre, San Martín del Rey Aurelio, Villablino, Siero, Toreno, Morcín, Santa Lucía, Mieres, Cangas del Narcea, Ciñera, Ibias, Pola de Lena, Langreo, Laciana, Bimenes, Riosa, Teverga,… 

domingo, 27 de octubre de 2013

¡QUÉ GRANDE QUE ERA MI VALLE!

Quizás el regueru Nicolasa no tenga rango de río; sin embargo, el valle que riega tuvo, durante mucho tiempo, más categoría que otros bañados por corrientes de agua con tal distinción.
A lo largo de la historia, y en su entorno, se gestaron importantes acontecimientos, de gran trascendencia en cada momento: según el historiador Claudio Sánchez-Albornoz, en un monasterio situado en las cercanías de su desembocadura, en lo que hoy es Ablaña de Abajo, y debido a intrigas familiares, estuvo cautivo el Rey Alfonso II (el Casto);  a mediados del siglo XIX, también en sus alrededores, la Asturian Mining Company levantó el primer alto horno de España y; casi un siglo más tarde, y también en sus dominios, se iniciaría un acontecimiento decisivo en la convulsiva política de la II República española: la revolución de octubre del 34.
Octavos de Nicolasa 1917
Fuente: Álbum Fotográfico de Mieres (1864-1939)
Desde que dicha compañía inglesa irrumpiera por estos territorios, tanto en las laderas de sus montes, como en sus escarpadas orillas o, incluso, en el interior de sus entrañas, floreció un entramado de compleja ingeniería geológica, dispuesto de manera organizada y distribuido estratégicamente por cada de uno de sus rincones: chamizos, “calicatas”, vías de ferrocarril minero, teleféricos, planos inclinados, cargaderos, escombreras, explotaciones a cielo abierto y, sobre todo, dos dinámicos pozos de extracción vertical del negro mineral, Mina Llamas (Nueva Montaña Quijano) y San Nicolás. Paralelamente, y al tiempo que se desarrollaba este “boom” industrial, en su parte baja, una pequeña aldea crecía hasta transformarse en un prospero pueblo que poco a poco dispondría de todos los servicios existentes en una pequeña ciudad del momento: Ablaña, mi Ablaña.
Cuanto glamur tuvo en otro tiempo. Tirando de la hemeroteca, descubrimos sus escarceos con la alta sociedad, Condes, Marqueses y familias adineradas vivían, se paseaban, se casaban o abrían sus negocios dentro de sus dominios. Apellidos como: Bernaldo de Quirós, Numa Gilhou, Álvarez del Manzano, Montoto o Figaredo, nos lo demuestran.
Por aquellos tiempos, raro era el que no conocía su nombre y, durante décadas, todos los caminos, aunque pocos y sinuosos, llegaban a ella. Nadie lo dudaba: estaba en el mapa.

Postal de 1957

En su época de esplendor, llegó a tener casino y rondaba la veintena de chigres. También disponía de Almacenes de vinos, varios comercios de productos básicos, Estancos, Kiosko, pequeños comercios especializados, Carnicerías, Pescaderías, Confitería, Panaderías, Droguería, Ferretería, Peluquerías, Carpintería, Sastrería, pequeñas industrias transformadoras, Farmacia, Cruz Roja, Centralita telefónica, Oficina de Correos, Economato de Hunosa, Consultorio médico, Cine, Cuartel de la Guardia Civil, Casa Sindical, varias Escuelas, dos activas Estaciones de Ferrocarril y algo más que, seguro, se me quedará en el tintero.
¿Quién en todo el concejo y ayuntamientos limítrofes no conocía sus concurridas y populares Fiestas de San José?, o que decir de su animada y campestre jira a la Meruxega el Domingo de Pascua. Del mismo modo, vecinos del pueblo también me hablan de otra fiesta campestre, que durante varios años se organizaba en el desaparecido Prau Regueru.


No obstante, en la actualidad, casi nada queda de aquello: las calles están casi desiertas; de los veinte bares, tan sólo nos queda uno y medio; no hay partidas de tute, garrafina o subastao; ¡Qué tristeza!, apenas hay niños; ya no existe aquel ruido continuo y olor a trabajo. Todo es silencio y abandono.
No nos queda más remedio que conformarnos con el romanticismo y añoranza de lo que fue. De aquella esplendorosa época industrial, tan sólo queda San Nicolás, pero con los días contados y en tratamiento paliativo. ¿Y Mina Llamas?: a merced de la naturaleza y mimetizándose con ella, que para nuestra desgracia, la tenemos que ver diariamente.
Sin echar culpas por completo, diríamos que en parte es debido a la desidia continua de nuestros políticos, pero también, a la pasividad pusilánime de los que alguna vez vivimos allí; quizás tengamos lo que nos merecemos.